ovejeros belgas 3fi

 



Algo de su historia
 

 

 

 

 




Esta es la historia de Belle Chienne, y la mía, porque en el mundo de la cinofilia crecimos juntas.

Me cuesta encontrar las palabras justas para describirla, realmente no alcanzaría el tiempo para contar sus aventuras.

Nació de la segunda cría de Ovejeros Belgas Groenendael que realicé. Fueron once hermanos, seis machos y cinco hembras, uno de ellos Gr. Ch. A.L.E. Beethoven, otro Ch. Bingo.

Su mamá, Gr. Ch. A.L.E. de las Américas, Ariana de 3fi; su papá, un perro muy famoso en aquella época, Gr. Ch. Belreve´s Cyrano de Bergerac, propiedad del Sr. Juan Carlos Ferraro.

La seleccioné entre los once hermanos por su dulzura; la tomaba en brazos y se abrazaba de mi cuello, no me importaba que fuera la mejor, fue la elegida, nos entendíamos de maravillas, así hasta el final, una mirada, una seña, y bastaba para que las dos nos comprendiéramos.

Comenzamos con las exposiciones a prueba, un juego, y ya a los seis meses le ganaba la raza a su mamá, y bueno... no paramos. Hicimos una campaña veloz, y seguimos; fuera del país compitió en Mexico obteniendo el título de Campeona Mexicana, vencedora de las Américas y Campeona Mundial; viajó a Bélgica y compitió en la Nacional de Cría del país de origen de la raza obteniendo el segundo lugar en hembras campeonas.

Cuando nacieron sus hijos comencé a traer en vientre sangre importada de Francia, de Bélgica, en realidad, siempre utilicé perros importados para servirla, como por ejemplo Jhonsondael´s Holligan, americano, pero de sangre europea, Relámpago de la Quievre, nacido en Bélgica, la excepción fue mi querido Quillon Du Tulipe Noir perro que admiro y no se conoce su potencial. Tenía planeado repetir la última cría con él, pero, no pudo ser.

Una sola cosa no pude cumplir, presentarla como veterana en la Exposición de Costa Salguero 2003, no pudieron esperar, llamaban a la raza Belga en las dos pistas a la vez.

No sé si el tiempo que estuvimos juntas fue poco o fue mucho, pero si sé que fue intenso.

Solo me queda por agradecer a Marcelo Ochoa, su handler desde los 90 días hasta que dejó las pistas. El la amó mucho y la defendió en las pistas con alma y vida, eso no me lo olvidaré nunca, es más, para él no había un ejemplar que la reemplazara, el año pasado la quería llevar a competir no sé a donde.

Ya está... ahora solo quedan sus hijos que ojalá honren a su madre, como lo estoy haciendo en este momento y por siempre.


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