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Ante
todo deseo presentarme, mi nombre es Mirta Schefini, nací en
la ciudad de Buenos Aires, República Argentina en el año
1946. Crecí en una zona de casas bajas, mucho espacio verde que
con los años se pobló totalmente.
Mi
padre
,
junto a su hermano tenían una herrería
donde atendían los caballos de una cabaña lechera. Su
profesión era herrero, como su padre, su abuelo lo hacía
en la lejana Italia.
Mi
madre
ama
de casa, cuidaba de mí y de mis hermanos
mayores, Hilda y Alberto, ayudando a la manutención del hogar
trabajando en lo que podía.
Nuestro hogar tenía grandes frutales, lugar donde solían
buscarme recogiendo higos; mamá sembraba una huerta donde cosechábamos
nuestra verdura; papá nos transmitió el amor por los animales,
gallinas, conejos, y muchos más; era lindo recoger los huevos
frescos todos los días, y por suerte mi padre también
me llevaba a la herrería a estar con los caballos.
Todo comenzó como un juego, siempre amé a los perros,
chicos, grandes, de cualquier color.
Papá llegaba a casa con algún cachorro perdido y a los
pocos días mamá por temor a enfermedades se encargaba
de que volviera a perderse.
En diciembre de 1962 conocí
al hombre de mi vida, Aroldo, yo tenía16 años y él
21. Al año de conocernos fue nuestro compromiso
matrimonial
y en 1968 el mismo día en que nos conocimos concretamos nuestro
matrimonio. Luego vinieron los
hijos :
enero de 1970 Fabián Aroldo , junio de 1973 Diego Javier, diciembre
de 1974 Ariel Sebastián.
En 1972 comenzó mi vida
en el campo, adquirimos una parcela de 14.000 metros cuadrados en Cañuelas,
al comienzo tenía solo un cuarto de adobe, un molino, una bomba
de agua, calles de tierra cortadas por el agua, sin luz eléctrica
(ver
);
entre ciudad y campo crié a mis hijos con total felicidad, al
aire libre, con la naturaleza y animales, de a poco fuimos modificando
hasta construir una pequeña casa, luego la piscina, 14.000 mteros
cuadrados de parque ( ver
)
Los niños crecieron, los fines de semana en el campo era el punto
de reunión de muchos amigos, llegaron las novias, hubo que agrandar
la casa ahora de dos plantas (ver
),
contábamos con muchos frutales, pinos, árboles de sombra,
y nuestra propia quinta de verduras, una laguna artificial (ver
)
sembrada de carpas de colores, ovejas,
caballos, vacas, gallinas, conejos, codornices, verdaderamente, un edén.
La crisis de económica de la Argentina, nos llevó a desprendernos
de algo que tanto amábamos, pero que ayudó a que pudiéramos
sobrevivir a esa ecatombe financiera.
Me quedaron los bellos recuerdos
de los años felices, hoy miro hacia atrás y sonrío
pensando en cada momento que viví en ese lugar, los frios inviernos,
cálidas primaveras, ardientes veranos, grises otoños,
todo pasa por mi mente como un cuento.
Llegó
el año 1990, un amigo, Alejandro, me regaló una hermosa
cachorra de Ovejero
Belga
Groenendael,
que con el tiempo me enteré que era la más chiquita, fea
y revoltosa de la lechigada, estoy haciendo mención a la "vieja",
nuestra querida Indi
fundamento
de mi criadero, cumplió durante años servicio de vigilancia
en la División Perros del Penal de Villa Devoto hasta que se
quedo dormida para siempre, haciendo honor a la valentía de la
raza. Raza que se distingue por muchísimas cualidades, la más
importante:
su capacidad de dar.
Dar...
comprensión,
cuando nadie nota nuestra tristeza, allí están ellos consolándonos
a besos; compañía,
esos momentos que aunque estemos rodeados de gente realmente estamos
solos, allí están ellos junto a nuestros pies; alegría,
incansables compañeros de juego, siempre meneando la cola, invitándonos
a corretear con ellos; protección,
siempre vigilantes a lo que sucede, alrededor de la familia como si
fuéramos su rebaño; felicidad
y satisfacciones,
nada tan intenso como ver nacer a sus bebés y cómo les
enseñan a salir hacia la vida.
Respecto a las satisfacciones es algo muy personal lo que puede sentir
solamente un criador y expositor. Se puede competir y ganar, pero nada
es igual al sentimiento de haber criado a ese ejemplar y que sus descendientes
sigan el mismo camino.
Ya realizada como criadora y expositora lo único que me quedaba
era cumplir el sueño del perro de juguete, esos a quienes malcriar
y dejarlos subir al sillón o a la cama. Deseaba tener algo más
que un perro chico, deseaba algo que no hubiera en el país y
si era desconocido mejor.
Encontré a esta raza, el Coton
de Tulear,
que es un capullo de algodón como lo indica su nombre. Siempre
me gustaron los perros de pelo, lo que me agradó fue el carácter
alegre de los mismos. Ahí comenzó la odisea de conseguirlos
ya que es una raza reconocida por FCI en 1971 y el AKC todavía
no la cuenta dentro de las razas oficiales.
Año 1999, luché los conseguí, ahora me resta difundir
y propagar la raza lo mejor posible.
Año
2007 esta es mi familia, esta soy yo, feliz con lo que la vida me dió,
orgullosa de mis hijos, de sus parejas, de mis nietos, con el amor y
compañía de mi esposo, quienes me acompañan en
mi aventura como criadora.
Una
Criadora
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